Unas vacaciones sin celular

Recientemente regresamos de nuestras vacaciones familiares de verano, llenas de cascadas de rayos solares e interminables baños acuáticos. Una semana llena de diversión, comida y amor. Este viaje salió de…...
"

Start reading

Recientemente regresamos de nuestras vacaciones familiares de verano, llenas de cascadas de rayos solares e interminables baños acuáticos. Una semana llena de diversión, comida y amor.

Este viaje salió de último momento, así que no tuve mucho tiempo de planear. Como ir a la playa no es algo que hacemos seguido por estos lados, pedí algunas cosas de verano por internet que llegaron justo el día que nos fuimos, para ser más específica, justo después que nos fuimos. A Sebastian le tocó aterrizar al final de la tarde del día anterior en su vuelo proveniente de Nicaragua para montarse en otro avión la mañana siguiente rumbo a Cancún (ojalá sea un indicativo de los múltiples hábitos de viajes recreacionales que muy merecidamente disfrutará en su vida si así lo deseara).
Viajamos un viernes 28 de Julio, día de nuestros cumpleaños. Marcel dudó si hacer la reservación en esa fecha, pero a mí me pareció muy simbólico el hecho de salir con mi familia de vacaciones como regalo de mi cumpleaños. Sabía que en ese día estaría pegada al teléfono respondiendo llamadas y mensajes de amor de tanta gente linda que me bendice con él, pero aunque la imagen de verme disfrutar de recibir felicitaciones me hacía sonreír, al mismo tiempo no me hacía sentido. Estaría viajando con mi esposo e hijos dándole gracias a Dios por la vida y por tenernos los unos a los otros y no era posible que en medio de tanta alegría yo estuviera pegada a un aparato con la mirada y presencia puesta en otras partes de mi corazón.
Decidí que estas vacaciones serían para sonreír, descansar, abrazarnos y disfrutar, así que pensé que sin duda limitar el celular de la ecuación sería el mejor antídoto. ¿A quién engañaba? El celular es un imán, ya no es un tema sólo de necesidad, lo usamos excesivamente sólo porque existe. Decidí dejar mi celular en Houston, sí… el día de mi cumpleaños.

Como me suele pasar, amanecí llena de emociones. Por más que la vida se agradece con cada amanecer ya sabemos que las fechas especiales nos hacen poner un alto a la velocidad y centrar nuestra atención a la emoción con la que conectan. Mis cumpleaños me hacen realizar un inventario sentimental de todas las bendiciones que tengo, de todo lo que he vivido el último año y durante toda mi vida hasta llegar a acá, a esta nueva edad. ¡Qué grande es el buen Dios, cómo me elige para seguir en esta tierra aprendiendo, creciendo, apreciando, entregando y por ende, ¡recibiendo! Lo doblemente especial de mi cumpleaños como muchos ya sabrán es que mi hijo mayor Sebastian nació en él, hace 15 años ya, así que ese mismo ejercicio espiritual que hago conmigo, lo duplico al hacerlo sobre él. Ni me interesa mentir que las lagrimitas se me aflojan desde muy temprano y el corazón se agiganta con cada muestra de amor en las palabras que gente muy especial entrelazan para nosotros en cada mensaje. A veces los subes y bajas de la vida nos hacen olvidar una verdad muy importante: somos muy amados.

No me fue fácil dejar ese día mi teléfono atrás, pero sabía que si lo llevaba era más por mi ego de seguir disfrutando palabras lindas que por la verdadera necesidad de escuchar todo aquello que en el fondo conozco y vaya que agradezco. Dejé los mensajes sin leer, pero me llevé todo el cariño de su contenido que sólo me impulsaron a irme libre, presente y feliz.

El celular es una maravillosa herramienta, es como tener el poder de controlar tu mundo y el mundo en la palma de tu mano. Si tuviera que dibujarlo como caricatura lo dibujaría como control de televisión en dirección invertida en el que cada botón que apretamos con un objetivo hacia afuera trabaja también teniendo un efecto en nuestro ser hacia adentro. La herramienta que usamos para organizarnos y controlando está terminado por desestabilizarnos y controlándonos.

  • Sin celular los días se me hicieron eternos, pero no en la espera de que se acabaran, sino por un tiempo ilimitado para agregar conscientes actividades.
  • Sin celular mi sistema nervioso se fue también de vacaciones pues apagó temporalmente varios fusibles de permanente alerta en espera de mensajes por responder y tareas por cumplir aún las que ni siquiera existen.
  • Sin celular mis noches fueron un descanso y mis días una verdadera vida.
  • Sin celular volví mi mirada a mi esposo y a mis hijos de formas que ellos tal vez ni lo notaron pero siempre los estuve viendo y no necesariamente con la mirada, sino con la reflexión de lo mucho que me necesitan y les necesito, presentes.
  • Sin celular recorrí las horas de mi día sin un acelere que a veces ni el mismo día trae en su afán, pero el ritmo de todas las aplicaciones del celular se lo inyecta.
  • Sin celular devoré mi libro sin poner a las páginas a competir por mi atención con las revisiones constantes de pantalla.
  • Sin celular mis sentidos se agudizaron y todo se veía más lindo, sabía más rico y se sentía más especial. Mi cuerpo tenía un aroma de paz que ayudó a mi mente a volar por tantos lugares dentro de mi ser que bien me cayeron un par de ocasionales comentarios de Marcel preguntándome que dónde me había ido y me traían de regreso a nuestra presente realidad. Esas otras lindas realidades tendrán su momento, pero qué bien se sintió despertar a ellas tras tener muchos de mis sueños resguardados y postergados en mis archivos existenciales.

La decisión de vacacionar sin celular era mía, no obligaría a Marcel ni Sebastian a dejar sus celulares. Necesitábamos usarlo y él atender comunicaciones de trabajo, pero todos se comprometieron a sumarse a la iniciativa y poner el teléfono en un segundo plano. Acordamos no prestárselos a Reinaldo y Francesca en ningún momento ni aún durante el vuelo (ellos no tienen ipad, pero nuestros celulares les sirven de sustituto con frecuencia).

  • Sin celular mis hijos retomaron lo entretenido de la simplicidad con revistas de actividades infantiles que todos disfrutamos… encontrar objetos escondidos, diferencias, sopas de letra; colorear… observar las nubes, la inmensidad del mar.
  • Sin celular mis hijos descubrieron el entretenimiento visual limitado, la televisión por cable, en los pocos momentos que daba chance de encender la televisión en la habitación. Las caricaturas por ser sumamente seleccionadas para un horario limitado son lindas opciones educativas, contrarias al Netflix, Disney, Prime, Youtube, etc.. que, aún controladas, no sólo se presentan en abundancia como conchitas en el mar, sino que hay múltiples “mosotes” entre ellas creando una dependencia, adicción y nuevos conceptos inapropiados para cualquier edad.
  • Sin celular mis hijos se aburrieron en algunas ocasiones, dando rienda suelta a sus mentes para desarrollar la creatividad en las cosas más ordinarias de la vida: fijarse a su alrededor, observar a cada persona con la que se topaban, fijarse en nuevas plantas e infinidad de lagartijas y reptiles que salieron a nuestro paso; hacer preguntas de todo tipo de temas aleatorios nada que ver con nuestras vacaciones veraniegas sólo porque se permitieron viajar a más lugares que abrieron las puertas del conocimiento con tan sólo… pensar.
  • Sin celular los tiempos de espera no se sintieron cuando después de un par de días los utilizaban para competir sobre quién podía caminar sin tocar las divisiones de las tablas o cerámicas en el piso de cualquier lugar o sobre todo, interactuar entre sí con bromas constantes y muy ingeniosas.
  • Sin celular volví a despertar mis ánimos que días atrás luchaban con mantenerse y mantenerme y mis hijos balancearon los suyos, que vaya que ya venían sufriendo los estragos de unas eternas vacaciones de encierro en un infernal verano característico de Texas.
  • Sin celular conversamos de un poco de todo, reímos más, nos vimos, sentimos y amamos más y mejor.
  • Sin celular dejamos de apagar nuestras noches con el brillo de una pantalla (que contradictorio, ¿no?) para reunirnos los 5 enranchados en una cama cuyo tamaño King ya se le va quedando corto. Que lindo sellar las noches no con un mensaje, sino con el amor de una oración.
  • Sin celular estuvimos unos 7 días, pero la unión, comunicación y dinámica de todos cambió para siempre con esta lección.

Los hábitos de uso del celular u otros electrónicos varían en cada persona, familia y hogar y la verdad no es ningún tema a justificar ni mucho menos juzgar, simplemente es una realidad el hecho que lo usamos más de lo que realmente lo necesitamos. Los recuerdos que tenemos las generaciones antes de tan importantes inventos son tan o más significativos que muchas de las conveniencias que ahora nos facilitan los mismas. Ahora uno se aburre en viajes largos e incluso cortos si no va entreteniéndose con el celular… antes, cada viaje largo era una película cuya pantalla era el vidrio de la ventana del carro familiar que se reproducía de vastos colores, animales, olores y melodías que ahora nos encuentran y nos hacen regresar. En Nicaragua esa película no estaba ausente de comerciales en los que uno tenía y tiene que poner en pausa el viaje por dejar pasar a más de una vaca u otro animal. Todo tiene un sentido y un para qué. Cada uno de esos animales sin placa de tránsito son dignos y tienen el derecho de que nos detengamos para darle su tiempo, respetar su vida y dejarlo ser. No se trata sólo de nosotros. El tiempo vuela, los pequeños crecen, los grandes mueren, las memorias quedan en el corazón cuyo amor se hereda, pero tanta foto pasa al archivo intocable y recargado de la memoria del celular ocupando espacios que pueden ser sustituidos por otras experiencias que colman el alma y nuestras relaciones. Aunque somos las mismas personas, no siempre somos los mismos. Cada oportunidad de estar en familia es una oportunidad para actualizarnos en quienes vamos siendo como resultado de los eventos y transformaciones que cada uno va pasando. Nos damos la oportunidad de abrazar los cambios y hacernos disponibles los unos a los otros como recursos de apoyo y amor.

Pongamos menos atención al celular y más intención a nuestra vida. Con el enfoque de lo que representa, lo que ayuda y en dónde ya no pues perjudica, podremos ser más asertivos en pensar en la estructura de sus hábitos de uso.

Deseo de corazón que podamos soltar para ser libres, poner límites para valorar, estar presentes para amar, aprender y enseñar. Deseo que puedas soltar intencionalmente más seguido el celular para que le des a Dios la oportunidad de obrar.

Sin celular… conecté con el amor y por ende con Dios y todo aquello que el Espíritu Santo me inspira para fortalecerme e impulsarme a continuar.

Al desconectarte, te conectas. Disfruta lo que tienes, a quienes tienes. No se mueve ni una hoja sin que el buen Dios así no lo disponga… Él te ama y pondrá siempre todo en su lugar. Cuando sea tiempo de estar en familia, ese tiempo es Sagrado, ese tiempo es de Dios.

Deja más seguido el celular.

P.D. Si te interesa seguir leyendo, acá algunas ideas para regular tus hábitos de uso de tu teléfono:

  • Carga tu celular fuera de tu habitación.
  • Deja de usarlo como mínimo 1 hora antes de dormirte. Retoma la lectura o deja que el silencio se llene de lindos intercambios sobre la vida, mente y corazón de tu pareja o ser querido.
  • Sustituye tu alarma del celular por un reloj despertador básico (aunque yo amo esos que te despiertan incrementando su luz), así no le darás a todas las aplicaciones el poder de gobernar tus pensamientos y emociones tan al inicio de tu día. Sustituye esos segundos o minutos con una oración dando gracias por estar VIVO y por llenar tu alma con la ilusión de todo lo que sabes y no sabes tendrás que vivir en el día para servir al Señor y a los demás con tus talentos.
  • Asigna un lugar para celulares en tu hogar y “parquéalos” especialmente a la hora de la comida. Que tu familia te vea ponerlo en un lugar aparte a la hora de estar con ellos.
  • Apaga las notificaciones innecesarias y agrupa todas tus redes sociales ubicándolas en una pantalla secundaria, no dándoles la vista y acceso principal.
  • Elimina tantas aplicaciones que simplemente no usas. Cada notificación es una alerta que ocupa espacio en tu mente y paz.
  • No lo uses los domingos o al menos la mitad de ese día, es el día del Señor, día de la familia, día para recargar.
  • Escribe tus propósitos y horarios de uso de tu celular y comunícalo con tus seres queridos y colaboradores. Si es urgente pueden hacer una llamada, si no, ya sabrán que contestarás por escrito en los horarios designados. Bajarás la ansiedad por atender tantos mensajes no leídos al instante, que realmente se sienten como estar con centenares de personas a la misma vez (¡¡que agotador!!).
  • Despreocúpate si tus hijos pequeños se portarán “mal” por no tener el celular o ipad. Siempre son oportunidades para enseñarles un buen comportamiento pues frente a una pantalla. llegarán a adolescentes sin todos los principios y valores que tanto quieres y sabes necesitan para volar porque no se han expuesto a nada más que te permita usar las situaciones como herramientas de educación. Para todas las edades el silencio es un regalo para buscar temas para conversar.
  • Incomódate más seguido en este tema, ofréceselo a tu matrimonio, tu familia, a Dios. Garantía: ¡No te arrepentirás!
Related Posts
“Life is a Journey…”

“Life is a Journey…”

"Life is a Journey..." Hoy cumplo 40 años y, al abrir los ojos honestamente mi cuerpo se sintió igual, otro día más. Los cambios significativos de dígitos en la edad traen ciertas emociones, ciertas expectativas, ciertas reflexiones. Hace algunos añitos era mi tía...

Cada día es un “año nuevo”.

Cada día es un “año nuevo”.

Un año nuevo significa un nuevo período de 365 días, pero para muchos realmente es una nueva gran oportunidad. El año calendario y la forma como la vida cotidiana se basa en él, nos permite organizar y dar orden y estructura a nuestras vidas. Sin embargo, muchas veces...

0 Comments