“Tu misión es más grande que tu sufrimiento.”

¿Esto viene de Dios? ¿Por qué si Dios me ama permite que cosas malas me pasen? ¿Por qué Dios me mandó esto? ¿Por qué a mí? ¿Si Dios es amor,…...
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¿Esto viene de Dios? ¿Por qué si Dios me ama permite que cosas malas me pasen? ¿Por qué Dios me mandó esto? ¿Por qué a mí? ¿Si Dios es amor, por qué tanto sufrimiento?
Algunas de las muchas preguntas que muchos nos hemos hecho en algún momento de nuestra vida o seguimos teniéndolas. En mucha ocasiones, nos llevan a abrir los ojos del corazón y a permitir que el mismo Dios nos vaya respondiendo eso a través de lecciones y transformaciones, que se han convertido en testimonio de vida para nosotros mismos y los demás. En otras, se convierten en nuestra excusa para abandonar nuestra vida de fe y justificar nuestra frialdad, talvez porque estamos tan cansados de sentir dolor que ya luego no sabemos cómo aceptar el amor que -sí, siempre de alguna manera- está presente en nuestras vidas.

Cuando era catequista de Vida Católica en Nicaragua, “mis niños” de 4o grado aprendían bellas lecciones de fe a través del primer libro de la Biblia, el Génesis, donde osadas historias de fascintantes personajes nos enseñaban cuánto nos ama Dios y cuánto podíamos entender su amor a través de la fe en los caminos difíciles. Lo que más sentí que Dios pedía de mí, era que les enseñara a esos niños cuánto los AMA, y que, si bien muchas cosas teóricas y muy importantes de su religión no se les quedaba guardado, lo más verdaderamente importante era que siempre supieran que son Su creación más perfecta, Su fortaleza y debilidad de corazón a la vez, Sus mimados,  “los ojos de su cara y su corazón”; que siempre sepamos por sobre todas las cosas, que NOS AMA, a pesar de todo lo que la vida nos puede contrariamente enseñar por las situaciones difíciles, el pecado o la falta de amor en nuestro propio entorno (llámese éste hogar o comunidad).

Es tan bello crecer espiritualmente con los niños. Ellos tienen dentro de sí la pureza del cielo y la luz de Dios que aún conservan fresca y que, mientras vamos creciendo, la dejamos luego apagar. Nos hacen aprender a ver las cosas tal como son sin complicaciones, nunca dejando de asombrarse por las pequeñas grandes cosas, aquellas que verdad merecen de nuestra atención. Lo que les duele, lo superan y olvidan en segundos, no guardan rencor en su corazón… lo que los hace feliz, lo identifican, lo persiguen y mantienen con insistencia y natural compromiso, porque se guían por ser FELIZ. Para eso nacimos, para recorrer este mundo, superando obstáculos pero saboreando todo lo que Dios con tanto amor ha creado para nosotros… como un paseo temporal fuera de casa. Platico de los niños porque ellos nos enseñan a responder muchas preguntas y, en ese proceso de explicarles a ellos el amor de Dios, me las respondí a mi misma.

Cuando papá y mamá, bajo la circunstancia que sea, abren paso a nuestra vida… es como si en el cielo se recibiera una “comanda”… y Dios, con inmenso amor se dispone a preparar “el pedido”. Me lo imagino acercándose a su kinder de ángeles, a quienes ve de largo jugar, soñar, cantar, reír y adorar… como niños en pleno recreo, pensando a cuál elegirá y los dones que le dará… sin que ese ángel sepa que está por salir de esa cuna de perfección para cumplir la más importante misión de su existencia. Imagino a María, nuestra madre, ayudando a su hijo Jesús, con tanto detalle y amor, a preparar esa maleta de gracias, dones y talentos, la justa combinación de herramientas que necesitará para todo lo que estará por vivir en la tierra. Con qué cuidado todos en el cielo se dispondrán para asegurarse que a esa criatura no le falte nada, pero también, con qué apretón en el corazón la dejan partir… Dios había hecho de esta Su Creación, el Paraíso… y en lo que la hemos transformado. Sí, nosotros.

A los niños les decía: “Imaginen a mamá y papá con qué ilusión los esperan…, imaginen a Dios con qué amor los eligió entre los ángeles, los acurrucó en sus brazos, les besó, les bendijo y los puso en el vientre y brazos de sus padres… juntos, eligieron su nombre…”

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Pero a mamá y papá, Dios nos dice: Acá tienen a Mi hij@, que ahora es suy@, se l@s entrego porque los amo, porque merecen lo más preciado que, como Padre, tengo para darles; porque confío que sabrán aprender todo lo que requiere amar  incondicionalmente -incluyendo los sacrificios y visicitudes- y estarán dispuestos a afrontarlos, por ese mismo amor. Habiendo dicho esto, les dejo algunos encargos que les pido nunca olviden:

  1. Nunca olviden que este bebé llega por amor y con amor debe ser críado, eso le colmará de vida.
  2. Nunca olviden que este bebé es Mi Hij@ Amado, tal como ustedes lo son; que pertenece al cielo y su viaje por la tierra es transitorio… así que nunca olviden dejarle saber QUIÉN ES y HACIA DÓNDE VA, eso le mantendrá en el camino correcto.
  3. Nunca olviden que en ese paraíso, he puesto todo lo que su mente, cuerpo y alma necesitan, eso le mantendrá con salud.
  4. Nunca olviden que sus primeros padres eligieron probar “el fruto prohibido” que es el pecado que han heredado; que eso no viene de mi sino del demonio y que sus fuerzas malignas tratarán de nublarles el entendimiento para apartarlos de mi amor. El mal trae como consecuencia más mal y sus acciones de pecado tienen un efecto exponencial en mi creación que va más allá de sólo ustedes mismos, su conciencia les servirá de guía y los Sacramentos les mantendrán en comunión conmigo.
  5. Nunca olviden que, los amo tanto, que uno de mis grandes regalos para ustedes es el “libre albedrío”, eso le permitirá elegir el bien sobre el mal, preparar así su camino de regreso al cielo y ser luz para rescatar otras almas que se han desorientado en el suyo propio.

A nuestros hijos los despide del cielo con amor, pero también con el dolor de padre en la más grande separación de todas, con la confianza plena que su misión es más grande que los sufrimientos que podrá tener…, con el más firme y puro compromiso de saber que siempre estará a su lado, así como su ángel de la guarda que le ha designado de guardián; y con la esperanza que esa criatura regresará algún día a sus brazos, donde volverá a sonreír, cantar y jugar por siempre.

Volviendo a la practicidad de los niños, a ellos sólo les dije que Dios les dice a papá y mamá que recuerden siempre recordarles a ellos CUÁNTO LOS AMA Y QUE SON DEL CIELO, QUE NUNCA OLVIDEN SU AMOR NI HACIA DÓNDE VAN. Si sabemos así de fácil estas 2 cosas en pocas palabras, sabemos todo lo que necesitamos para elegir el mejor camino y actuar conforme a Dios, sin nunca sentirnos solos e infelices.

PERO…

Luego crecemos... y papá y mamá, o quienes hayan sido nuestra guía, se olvidan del encargo…. o no nos aman y crecemos sin saber amar, o no nos enseñan quiénes somos y hacia dónde vamos y dejan que nosotros lo aprendamos algún día, haciéndonos más difícil el encontrar nuestro camino.

Luego crecemos… y aunque ellos y otros seres amados nos hayan enseñado el amor y buen camino, nos olvidamos de elegir el bien y le abrimos al diablo las puertas de nuestras vidas, dando paso a un conjunto interminable de sinsabores que luego distan mucho del primer pecado cometido.

Luego crecemos… y la nube de odio y mal que se ha formado por un pecado colectivo de tantas almas en la tierra nos hace respirar tanta contaminación que, nosotros y nuestros seres queridos, empezamos a sufrir tanto que la asfixia del dolor físico, mental, emocional y espiritual nos lleva a dejar de amar y a resentirnos y culpar a Dios por todo.

Si supiéramos cuánto goza el demonio por vernos pecar, pero si supiéramos cuánto se regociga por vernos culpar injustamente a Dios de algo que no vino de él. Dios y toda la milicia celestial luchan a diario por apartar de nosotros a ese reino maligno que nos rodea… pero nosotros lo elegimos voluntariamente y el demonio se burla de Dios. Podremos como humanos fallar muchas veces y caer en pecado por momentos en nuestras vidas, Dios lo entiende y nos ayuda y perdona, pero nunca le demos al diablo razones para reírsele en la cara a Dios.

Dios sí permite algunas cosas para nuestro propio crecimiento, para poner a prueba nuestra fe, para que podamos detenernos, re-encontrarnos, redirigir nuestro camino y purificar nuestras almas; para que tengamos oportunidades de ganarnos el cielo a través de dar y recibir amor. Porque la luz brilla solamente si hay oscuridad.

Sé que podemos decir, entonces ¿por qué nos dio la capacidad de elegir? 
Esa capacidad de elegir nos sirve para que nosotros podamos diseñar nuestras propias vidas acorde a esas gracias, dones y talentos sin ser marionetas de Él. Un padre o madre que ama de verdad no hace de la vida de su hijo un camino a su antojo… le enseña a ser feliz y valerse de sí mismo y tomar las mejores decisiones en CUALQUIER CAMINO DE AMOR Y LUZ que espera decida tomar; que sepa distinguir reconocer el bien que le hace feliz del mal que lo hace sufrir para que, cuando ya esté fuera del nido y la seguridad del hogar, pueda defenderse en la vida y sobrepasar las dificultades con entendimiento y fortaleza. Un buen padre-madre enseña a su hij@ a vivir sin Él, con la esperanza que decida siempre reconocerlo en su vida.

Dios nos manda con un conjunto de herramientas para poder dejar nuestro cielo, pero disfrutar esta tierra que originariamente creó como el Paraíso, porque puede serlo si queremos verlo tal como es. Si se ha contaminado a puntos exhorbitantes, recordemos que nosotros tenemos en nuestro “bolsito de bebé”: un foco para alumbrar el mundo con la luz del cristiano, un sonajero de corazón para dar amor a nuestro prójimo, un pañal de tela para secar las lágrimas del que sufre, un biberón para alimentar física y espiritualmente a quien padece hambre, una colchita para abrigar a quien necesita un hogar o una familia, un mameluco que dice SOY HIJO DE DIOS para que el espejo nos recuerde quiénes somos y los demás se acuerden al vernos; y un librito de cuentos para transmitir al mundo Su palabra. Nos dio a un hermano mayor, su hijo JESUS, para  tomar su mano y aprender de su ejemplo. Todo eso es para nuestro propio uso y Él siempre está a nuestro lado cargandos Su propia mochila, y vaya que es GRANDE.

¿Por qué muchas veces sentimos que se hace muy difícil el camino?

  • Porque nos cansamos, por no hacer paradas.
  • Porque nos perdemos, por ir muy rápido.
  • Porque nos desorientamos, por olvidar quién somos.
  • Porque nos desmotivamos, al olvidar lo que valemos.
  • Porque nos sobrecargamos, al permitirle a otros tirarnos sus cargas.
  • Porque nos detienen, quienes no nos quieren soltar.
  • Porque nos confunden, quien nos quiere desorientar.
  • Porque no avanzamos, por no dejarnos ayudar.
  • Porque nos debilitamos, por no alimentarnos de Dios.

Si sientes que no sientes a Dios, si tu Cruz está tan pesada que no puedes entender que su amor sea tan grande, si ya no sabes ni qué creer… no te culpes, no pretendas entender, sólo abre tu corazón y dale a Dios “el beneficio de la duda”; porque abriendo tu corazón a la oportunidad de recibir amor, Él lo sostendrá y le darás -conciente o inconscientemente- el permiso de repararlo. ¡No te defraudará!

No podremos detener en el tiempo que dura nuestra vida toda la maldad en el mundo y los deshaciertos que se nos presentan, pero si todos nos comprometemos a “revisar nuestro pasaporte y pasaje” que indica: quién somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos… empezaremos a cambiar esa contaminación de sufrimiento por oxígeno de amor y el mundo poco a poco irá transformándose al Paraíso que siempre ha estado diseñado a ser. No nos desanimemos por lo que estás viviendo o por lo que ves están sufriendo los demás, ocupemos ese deseo de ver todo diferente para empezar a transformar nuestras vidas en un camino donde la Cruz se vuelva nuestra Salvación y nuestro Testimonio la salvación de tantas personas que, muchas veces sin notarlas, siguen nuestros pasos. 

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¿Quieres ser feliz? Decídite a serlo, comprométete con el proceso y déjate acompañar.

Te invito a que caminemos junt@s siguiendo: 

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Gracias por dejar tus comentarios, compartir y permitirme acercar mi camino al tuyo.

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