¡HOLA! QUÉ GUSTO CONOCERTE.

Mi nombre completo es María Eugenia Zavala de Chamorro (“Maru” para muchos). Soy Nicaragüense y resido junto con mi esposo y 3 hijos en Houston, TX, USA desde el 2018.

Mi vida personal tiene sus fundamentos en mi fe, cuyo mandamiento más grande se resume en amar a Dios a través del amor y servicio a mi prójimo. Mis desiertos, aciertos y desaciertos me han ayudado a aprender que todos los aspectos en mi vida se alinean cuando vivo el mandamiento en su totalidad, incluyendo: el amarme a mí misma.

Soy amante de todo lo que se filtra en el corazón: la familia, los amigos, una linda conversación; leer y escribir, caminar por la naturaleza mientras rezo mi Rosario contemplando los misterios de Jesús y las maravillas de los pequeños grandes regalos en la creación de Dios; la adrenalina tan motivadora de crear nuevas cosas y componer otras; la energía de un buen alimento físico y espiritual, de mis sesiones de barre, de bailar. Amo reir, amo abrazar. Amo ser, amo estar.

Entre mis más de 20 años de vida profesional he tenido el inmenso gusto de apoyar a emprendedores a realizar sus propios sueños al liderar con ojos de dueño la creación, desarrollo y exitoso crecimiento de sus negocios, destacando mis 7 años en el bellísimo mundo de Café Las Flores -de cosecha a taza- convirtiéndome en una de las mujeres más jóvenes liderando una exitosa emergente cultura de café de especialidad en Nicaragua, lo que luego me abrió las puertas para dirigir dos prestigiosos proyectos de multimillonaria inversión turística: NEKUPE y La Santa María. Tras nuestra salida del país dediqué gran parte de mi tiempo a acompañar a Marcel, mi esposo, en nuestro emprendimiento laboral mientras abrazaba a toda mi familia en un proceso de transiciones y mudanzas constantes.

A pesar de las diversas funciones administrativas que mis roles han involucrado, mi mayor contribución ha sido mi inyección de amor en velar por edificar a cada ser humano cuyos dones y talentos hacen vivos un propósito en común dentro de la organización, que realmente he considerado una segunda familia.

ENCONTRANDO MI LLAMADO

A pesar de haber vivido con una sonrisa, anhelando mi propia realización a través de la realización de los demás, no todo ha sido felicidad. Hasta hace no mucho tiempo mi vida había sido una extenuante búsqueda de mi propósito, como si eso significase la única gran cosa extraordinaria que estaba supuesta a hacer en la vida. Con el crecimiento de nuestra familia y los múltiples cambios que hemos vivido, sentía una inmensa necesidad de rediseñar mi vida y redefinir quién era tras todo aquello, pero -a pesar de reconocer que he sido colmada de amor, logros y bendiciones-, ese incesante esfuerzo sumado al peso de algunas pérdidas y sufrimientos lo único que dejaba en mí era un agotamiento emocional y el sentimiento de “no ser o hacer suficiente”.

En mi proceso aprendí que “tomar las riendas” de mi vida no sólo involucra hacer todo bien, sino estar bien (como causa y efecto); que sí se puede avanzar gracias a nuestros esfuerzos, pero sólo se puede trascender gracias a la salud de tu mente y espíritu, a la fuerza de tu fe. Aprendí que los planes sí avanzan con la determinación de la puesta en práctica de nuestras habilidades y conocimiento, pero que se alcanzan con plenitud cuando paralelo a ello trabajamos en los pensamientos, creencias y emociones que nos llevan a ser quienes somos porque lo intangible es el motor de nuestras realizaciones.

En mi propia búsqueda de respuestas para sentirme realizada tanto en lo personal como en lo profesional, no fue hasta que llegué a comprender que propósito es lo que tengo para servir a los demás… en cada momento cuando decidí reducir el esfuerzo de poner tanto corazón a mi trabajar en todo en la vida para sustituirlo por poner todo el trabajo posible a mi corazón y obrar desde él. El Espíritu Santo me ha guiado para conocer que mi propósito es mi llamado, pues es lo que hace Dios a través de mí para servir a los demás. Con mis dones, talentos, experiencias y calificaciones -pero sobre todo con mi mente y corazón-, mi llamado es ayudarte a trascender en la vida descubriendo y haciendo vida el tuyo propio.

 

Esta soy yo viviendo quién soy…
…aquí estoy para tí.

¿A dónde quieres que vaya?
¿Qué quieres que haga?
¿Qué quieres que diga, y a quién?
DIOS, SÍRVETE DE MÍ, POR FAVOR.

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