Corregir, por amor y con amor.

Éste es uno de esos temas sobre los que temo escribir pues de alguna manera siento que antes de hablar debo saber ponerlo en práctica y como en muchas otras…...
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Éste es uno de esos temas sobre los que temo escribir pues de alguna manera siento que antes de hablar debo saber ponerlo en práctica y como en muchas otras cosas, no soy muy buena haciéndolo. Talvez por eso quiero escribir de cosas que me cuestan pues me hace reflexionar y darle seriedad a algo en lo que quiero mejorar en mi vida y sé muchos necesitamos cambiar.

La Real Academia Española define la palabra CORREGIR(SE) como ‘Eliminar [un error] o limpiar [algo] de errores’, ‘modificar [algo] erróneo’, ‘enmendar [a alguien o a uno mismo] de un comportamiento o idea equivocados o inconvenientes’ y ‘leer, para calificarlo, [un ejercicio o examen]’. 

De acá puedo deducir que hay 3 acciones sobre corrección que necesitamos aprender y que, sin duda, involucran mucho esfuerzo:

  1. Corregirse a uno mismo.
  2. Aceptar una corrección.
  3. Corregir a los demás.

HUMILDAD y EMPATÍA son las 2 virtudes más indispensables en el proceso de evaluación y corrección a nosotros mismos y a los demás.

CORREGIRSE A UNO MISMO.

Muchos pueden creer que es la más fácil de las 3 pues no involucra la opinión o sentimiento de nadie más, ni mucho menos exponer nuestra “dignidad” ante el escrutinio de otro, pero ésta es la que requiere de más trabajo constante y de la que depende el éxito de las otras 2 acciones. Es bien difícil caminar por la vida mordiéndose la lengua, apretando el corazón y doblegando el orgullo cada vez que sentimos que nuestros errores y defectos salen a la luz, pero es bastante más duro el que el resto del mundo tenga que lidiar con nuestra soberbia y amargura porque simplemente preferimos ignorarlos.

He aquí, cuán bienaventurado es el hombre a quien Dios reprende; no desprecies, pues, la disciplina del Todopoderoso. Job 5,17.

Como seres humanos y espirituales nos debemos el trabajar en ser cada día nuevo una mejor versión de nosotros mismos. Dios nos ha dado dones y talentos, pero en esos huecos de lo mucho otro que no tenemos en un momento, es dónde pueden desarrollarse nuestros errores y defectos y donde tenemos que poner atención para sacar y sanar todo lo que nos impide ser el ser humano que este mundo necesita e ir aprendiendo nuevas formas de vivir, amar y servir. Talvez creemos que ya tenemos claro lo que debemos cambiar, pero “con tanta cosa” o “por culpa de” volvemos a lo mismo siempre. El ser mejores requiere ver nuestro proceso de crecimiento con tanta importancia como vemos una tarea o proyecto laboral. Sé que muchos quisiéramos sólo tomarnos una pastillita para componer nuestros síntomas, pero hay cosas que no son así de fáciles sanar. Así como un doctor hace una revisión para emitir un diagnóstico y, hasta ese entonces, poder recetar; así nosotros mismos debemos tomarnos en serio el hacer el tiempo para hacer auto-evaluación consciente y trabajar en los resultados. En mi mente, puede ser algo tan sencillo como hacer este ejercicio que te invito a hacer cuando puedas, ojalá pronto:

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Fuente: newsela

  • Agendar un espacio en tu agenda.
  • Elige un lugar que te dé paz. Puedes ir al Santísimo y revisar con Dios todos los aspectos de tu vida o algún lugar en tu casa sin interrupciones.
  • Agrega otros elementos que hagan el momento más armonioso como encender una vela, ajustar la iluminación o poner música de fondo de meditación y relajación. Algo que te haga sentir que esto es especial e importante.
  • Asegúrate de tener dónde escribir (algo que puedas revisar después, no un papel que se te vaya a perder fácilmente).
  • Haz siempre una oración al iniciar pues para vernos en un espejo como éste se requiere de mucho valor y humildad y el Espíritu Santo es un aliado maravilloso en esta actividad.
  • Empieza por reconocer quién eres y qué te hace feliz. Preséntate a ti mismo con todas tus virtudes y con ese llamado que consideras tener. Valora tus fortalezas y virtudes. Escribe tus respuestas. No tienes que esforzarte por ser humilde, disfruta correctamente el reconocer las bondades que te caracterizan.
  • Describe el qué quieres de tu vida, el cómo es tu versión idónea de ser, aquello que te gustaría la gente recuerde de ti cuando ya no te encuentres en este mundo.
  • Revisa las distintas áreas de tu vida: salud, personal, laboral, relaciones con los demás, comunidad, espiritual, etc. Deja que tu mente y tu corazón te lleven a todas esas escenas que recordarás en las que, por una situación u otra no has actuado de la mejor manera o has tenido un problema contigo mismo o alguien más por tu forma de pensar, sentir, hablar o actuar. 
  • Lo que vaya saliendo colócalo fuera de ti mismo y escríbelo, no lo veas hacia dentro sino hacia fuera. A mi me gusta pensar que lo estoy poniendo en una cajita (¡cajota a veces!) o como en una pantalla. Algo que te permita verlo como público no como el actor. Mientras estás haciendo eso mírate con claridad, pregúntate por qué dices o haces tales cosas, qué sientes y por qué. Escribe, identifica tus sentimientos y los detonantes. Generalmente, nuestros defectos se notan cuando ya han llegado a un nivel fuera de proporción, que es incómodo para nosotros y los demás, pero tuvieron que haber iniciado en algo bien pequeño. Hazte estas preguntas:
    • ¿Qué es? 
    • ¿Cómo te sientes al reconocerlo? 
    • ¿Cuál es tu EXCUSA para actuar de esa forma?
    • ¿Cómo te sientes tú y los demás con esa forma de ser o actuar?
    • ¿Por qué y para qué quieres mejorar?
    • ¿Qué cambiaría de tu vida si te corriges y cambias?
    • ¿Qué acciones puntuales puedes empezar a hacer para ir mejorando en eso?
    • ¿Qué o quién te puede ayudar a cumplirlas? 
    • Etc. (Agrega todas las que necesites)
  • De todo lo que escribiste, elige no más de 3 cosas con las que te comprometes a cambiar, anótalas aparte y ofréceselas a Dios en una oración de cierre. Compártelas con una persona de confianza que esté cerca a tu vida de una forma muy presente e influyente y pídele que te ayude en el proceso.
  • Trabaja activamente en ellas, un día a la vez.
  • Revisa cada cierto tiempo (2-3 meses) tus anotaciones y haz los ajustes necesarios.

Hemos leído que toma 21 repeticiones formar un hábito, pero la verdad, a mi parecer, yo no lo veo tan exactamente así. Toma el tiempo que tenga que tomar y varía de una a otra persona en dependencia de dónde estaba y hacia dónde quiere llegar, de cómo se siente y la determinación de que las cosas se logren no sólo por repetición sino por voluntad, compromiso y convicción. Si realmente te importa ser una mejor persona vas a estar en un continuo trabajo de apagar tus defectos y ejercitar tus virtudes. 

Hay una desventaja que puede aparecer rápidamente en mucho de nosotros, sobre todo aquellos que tenemos un poquito o mucho de perfeccionistas, y es que no aceptamos que fallamos continuamente en lo mismo y nos culpamos por ello por un tiempo demasiado prolongado. Acá recae el orgullo nuevamente. Somos hijos de Dios y Él no nos pide ser perfectos, él nos pide amar y servir lo mejor que podamos, lo que significa que el esfuerzo en muchos casos vale más que el resultado pues éste es distinto entre una y otra persona y, al estarnos midiendo y comparando siempre, elevamos nuestras expectativas a un punto irracional, difícilmente alcanzable, resultando en un ciclo vicioso de autodestrucción. Los defectos no siempre son algo que desaparecen, representan algo que debemos “domar”. Es como los sentimientos, no podemos no sentirlos, pero sí elegir qué hacemos con ellos. Repara tus acciones equivocadas cuando ese defecto te lleve a herir o perjudicar a alguien más.

Ámate como Dios te ama, ama a los demás como Dios te pide amarlos y camina por la vida con un estado alerta de reconocimiento tanto de tus cosas buenas como de aquellas que tienes que mejorar. Acá la meta es ser y hacer feliz con una conciencia saludable.

We need to think of more ways to save some money

Fuente: Studio5

ACEPTAR UNA CORRECCIÓN.

No esperé el final para tocar lo más difícil y vaya que es difícil. Andamos por la vida con la energía y entusiasmo por vivir, hacer y lograr y cuando alguien nos expresa alguna inconformidad sobre nuestros actos, es como que alguien nos ponga el pie en plena carrera. Nos tropezamos, nos hace detenernos, enoja y duele. Duele porque no aplaude, duele porque toca una herida, duele por quién hace la corrección, duele por la forma en que la hace y duele porque muchas veces es verdad. Si no fuera verdad sólo nos estorba, se pasa y olvida… pero si duele… hay algo que revisar, ya sea error nuestro o algún problema de comunicación.

¿Qué se requiere para aceptar con humildad y empatía una corrección?

  • Humildad y madurez. El poder tener una conversación humana y abrir nuestra mente y corazón a algo que se nos quiere decir para mejorar. Tener en cuenta que si queremos ser mejores tenemos que saber no sólo desde nuestro punto de vista cómo estamos viviendo, sino cómo ven nuestra vida los demás. “No hay peor ciego que el que no quiere ver”.
  • Bajar la guardia. Respira profundo y guarda la espada, nadie te está atacando sólo te quieren decir algo que, muy probablemente no lo están diciendo bien, pero recuerda que a ti te interesa saber qué estás haciendo mal para poder corregir y tener relaciones saludables.
  • Escucha sin hablar hasta el final. Si alguien se te acercó para hablar de algo que piensa o siente, por respeto sólo escucha. Su verdad no tiene que ser la tuya, pero hay algo de ella que puedes necesitar y lo importante es entender el mensaje principal. Seguramente quien te está hablando es una persona que te quiere y tampoco le es fácil acercarse a ti. Ayuda llamar de urgencias a Dios y pedirle que su Espíritu Santo te colme de su paz mientras te toca morderte la lengua. No vayas a ser tan descarad@ de pedirle que te convierta en paloma para salirte volando de ahí!! 🙂
  • Aprender a responder y no reaccionar. Nuestro primer impulso tiende a ser molestarnos y, peor aún, expresar nosotros también lo que creemos la otra persona también hizo o hace mal en ésta u otra situación. La mejor comunicación es aquella que se enfoca en realmente tratar de entender, con empatía, no en contestar. Conviene talvez en vez de dar tu opinión en el momento empezar por hacer preguntas: ¿Por qué crees que estuvo mal? ¿Crees que es algo habitual o sólo fue en esa ocasión? ¿Sólo tú te sientes o o viste así o los demás también? ¿Crees que pudieras ayudarme a prevenir mis acciones en vez de sólo corregirme?… o “ganar tiempo” con decir en alto un mensaje que es más para ti que para la persona que ha tenido el valor de corregirte. Ej. “Te confieso que me tomas desprevenid@ y que no me cae muy en gracia escucharte porque me duele y es incómodo… (no le regañas, pero aceptas tus sentimientos y de algún modo los liberas al exteriorizarlos), o “No me imaginaba que me llamabas para esto y la verdad no sé ni qué decirte ahorita… porque yo no lo veo tan así/no sabía que… (o incluso) no estoy de acuerdo porque…”. Empieza objetivamente una conversación, haz pausas para respirar y relajar tu cuerpo, toma ese tiempo para oxigenar tu cerebro y así puedas preparar con “humanidad” tus palabras de respuesta. Si consideras oportuno aprovechar la oportunidad de abrir el canal de conversación con una persona, una vez que logres recibir el mensaje de parte de ella, aborda con actitud positiva y asertividad otros temas que también quisieras expresar.
  • No tomarlo personal. Casi imposible, lo sé. Si te están hablando directamente pues obvio que es hacia ti, pero NO ES POR TI exactamente ES POR ALGO QUE HICISTE. Un error, una falla, un defecto está más ligado a una acción que al ser y es eso lo que te interesa conocer para poder cambiar. Sé que es más fácil no saber, pero ¿te gustaría vivir bajo “tu ley” sabiendo que estás haciéndole daño a alguien más… generalmente a los que más quieres y te quieren?
  • Objetividad. Desde que logras entender de qué se trata la conversación, apaga tu botón que dice ESTADO ALERTA y enciende el que dice ESTADO RACIONAL. También apaga el de RUIDO y enciende el de MENSAJE. Entiende que lo que la persona siente o dice está en dependencia de 2 cosas: tus acciones y sus propias creencias. Mientras más diferentes sus valores y personalidad, más evidente el por qué de la molestia. También tu receptividad depende de si te enfocas en las palabras o en el tono de las mismas. Toma de todo lo que te digan lo que realmente consideres necesitas y por lo que no, igual guárdalo en algún lugar no tan distante para que puedas estar al pendiente y validar si realmente es algo que amerita evaluar o descartar.
  • Agradecer. Estés de acuerdo o no, alguien se tomó el tiempo de hablarte para hacerte saber cómo se siente. Talvez la conclusión es que no había un defecto, sino un sencillo error de comunicación o percepción sobre algo que, si no han hablado, no te dabas cuenta. “Aunque no comparto todo tu punto de vista, sí valoro que hayas venido a decirme cómo te sientes y te agradezco.” puede ser tu final seguro y gentil.
  • Entrégarselo a Dios. Sólo Él te ayudará a procesar todo lo que has escuchado y a mejorar si te lo propones. También dándote el beneficio de la duda, puede que alguien haya venido a decirte lo que piensa de una forma equivocada por las razones equivocadas que nada tenían que ver con algo que hayas dicho o hecho, sino de un estado en el que dicha persona se encuentra en el momento y se desquitó contigo. Eso será fácil de valorar si sigues las sugerencias anteriores y verás que tu corazón se sentirá en paz cuando objetivamente hayas apartado tu corazón de la realidad. Ora por esa persona.

Si reconoces que sí hay cosas en las que debes mejorar, no sólo porque ya lo sabes sino porque te lo están pidiendo, no puedes esperar un cambio si continúas haciendo siempre lo mismo. Tus errores no te definen, lo que haces con ellos sí.

Les confieso que esto de aceptar críticas ha sido mi talón de aquiles. Por su rol en mi vida, mi mamá y mi marido son quienes más han tenido que lidear con este aspecto nada bonito de mí y yo he estado bien consciente de ello, porque obvio es algo que se repite y se hace un mal hábito. A lo largo de mi vida y madurez, he venido tratando de liberarme de mis molestias y hacer lo correcto al respecto: aceptarlo y domarlo. ¡DOMARME! Seguí en algún orden y desorden lo que les acabo de compartir y reconocí que mi mayor excusa era JUSTIFICARME. Si les sirve, con humildad les comparto las conclusiones de mi propio ejercicio:

A lo largo de toda mi vida me he esforzado por hacer las cosas lo mejor que puedo, por sobresalir, por destacarme, por entregarme con amor a los demás y poniendo todo mi corazón en los detalles. Sé que de verdad me gusta seguir el llamado de Dios y hacer lo mejor que puedo con esos dones y talentos que me ha dado para su servicio y el de los demás. Amo amar y saber que los demás se sienten amados por mi. No significa que lo logro, pero sí identifico ese empuje en mi corazón. También lo he hecho por miedo al fracaso, por miedo a defraudar a Dios y a mis seres queridos, por miedo a no ser ni hacer suficiente para lo que ellos esperan de mí, por miedo a que me corrijan porque eso me defraudaría al comprobarme que no estoy haciendo bien lo que yo misma me propongo. | Reconozco que he puesto como termómetro a mi vida la reacción y respuesta de ellos pues son lo más cercano que uno tiene y el espejo en el que casi de inmediato puedes medir el nivel de intensidad de tu luz. Esa codependencia me ha impedido ver las cosas desde un punto de vista objetivo. | Cuando recibo críticas o me corrigen, siento que fallé y es algo que obvio no me gusta. Dejo de respirar y se me entume el cuerpo. Mi angelito me quiere decir que escuche para mejorar algo, que que bonita oportunidad para entablar una importante conversación y mi diablito me empieza a decir que no les haga caso, que “nunca” me dicen nada bueno y que cuando se animan es sólo para criticar…. “no notan ni reconocen lo que sí hago bien”… (alguien se identifica? “levanten la mano para no sentirme tan sol@” como dice divinamente el predicador católico, Salvador Gómez.) |Tiendo a interrumpir la conversación pues la molestia no me permite seguir escuchando y digo lo primero que se me ocurre generalmente aprovechándome de la valentía de otro para yo decir lo que también guardaba y no había sabido expresar y obvio, no me sale nada bien. | Mi perfeccionismo me lleva a ser orgullosa si no lo uso sólo cuando debo y tiendo a poner más esfuerzo en evitar conflictos que en aprender a manejarlos como Dios me invita a hacerlo para sanar mi alma y ayudar a sanar la de los demás. | Los demás sin duda se sienten frustrados y sienten que conmigo es “imposible hablar”.
He aprendido a reconocer mi defecto y a entender que, si quiero cumplir con mis objetivos y propósitos en lo que respecta a vida espiritual, matrimonial, maternal, etc., necesito reparar el obstáculo más grande en la salud de mis relaciones. | Me aplaudo sola en montón de ocasiones que “me domo” -aunque me estresa que nadie se da cuenta :)- y me dan ganas de echarles en cara que esta vez sí respondí bien o me quedé lindamente calladita… pero respiro, trago profundo y me celebro yo sola. En algunas ocasiones sé que hago trampa y busco la forma de hacer la plática más corta y salirme de ella lo más diplomática y poco humilde posible. Pero les confieso que en otras ocasiones, lo he logrado  “Tenés toda la razón, me disculpo.” y se siente maravilloso. 
Me quedo sobándome el alma porque en pocos minutos uno siente que pasa “el Niágara en bicicleta” 🙂 pero siempre vale la pena. Sigo trabajándolo…

¿Cómo he logrado domarme un poquito? He tenido la oportunidad de mediar ante muchas situaciones de los demás, generalmente por razones laborales; también he compartido lindas oportunidades de reflexión personal con algunas personas cercanas y siento que es algo que me ha salido bien. Así que aunque se rían de mí, cuando sé que estoy “en el banquillo de los acusados”, digamos que salgo de mi cuerpo y me imagino que estoy de mediadora así me permito escuchar a la otra persona como si no se tratara de mí (así no lo tomo tan personal y veo con empatía a quien me habla) y me veo a mí desde fuera (así me evalúo mejor) tratando de aconsejarme a mí misma qué decir y cómo. Me hago auto-coaching digo yo. Reconozco la presencia de Jesús a mi lado como esperando ver qué voy a decir y hacer, así que trato de acordarme de que me está viendo y trato de hacer que se sienta orgulloso de mí. Respirar profundo no es un dicho, es una realidad.

Cuando hablamos sin respirar, no hablamos con los pulmones, sino con el hígado y ese amigo, no dice nada bueno.

He llegado a la conclusión que no es para tanto el que te digan lo que no está bien; que es mejor callar que decir lo incorrecto mientras aprendes a hablar y decir lo correcto; que hay mucho en el corazón de los demás y a veces me alivia que Dios me da la oportunidad no sólo de corregir algo mío sino de CONECTAR CON EL CORAZÓN de esa persona y sanar juntos sin darnos cuenta a través de esa misma oportunidad. La duración de los problemas se acorta y las relaciones florecen. Sé que le servimos a Dios con el escudo del cristiano, no con el del orgullo. 

No dejes nunca de servir con amor a los demás por una incomodidad. Todo pasa y acumular resentimientos pudre el alma. Tu misión en esta vida es para Dios y su amor es la única medida con la que debes evaluar tus actos no comparándote con lo que hacen o dejan de hacer los demás.

Te sugiero que leas sobre codependencia si crees que en general este es un tema que te describe bien.

CORREGIR A LOS DEMÁS.

“A las palabras no se las lleva ningún viento. Se quedan en el alma construyendo o destruyendo.” Anónimo

Two businessmen having discussion at desk in office

Fuente: AARP

En el día a día, y sobre todo si tenemos rol de liderazgo en nuestro hogar o trabajo, es algo que toca hacer seguido. Cuando se trata de habilidades o formación es algo que sale más natural y sin mayor estrés, sabemos que nos toca, que es necesario y que si no lo hacemos nuestros hijos o colaboradores no podrán aprender y realizarse. Si se trata de una relación o un tema que toca el corazón o abre las puertas de la intimidad emocional sabemos que estamos entrando en un terreno difícil que requiere prepararnos bien y entender que si queremos que la otra persona reciba nuestro mensaje bien, tenemos que transmitirlo bien. No podemos tener el valor de corregir a otro y no estar en una posición constante de auto-corrección nosotros mismos. Si nunca hemos tenido el corazón para realmente estar en la vida de alguien y expresarle nuestro cariño, es muy difícil que la persona acepte nuestros comentarios cuando se trata de una corrección a algo que debe mejorar. Es en muchos casos nuestro deber corregir a nuestro prójimo, pero con amor, con verdadera caridad y deseo de ayudar a esa persona en su propio proceso de santidad y con humildad. Incluso entender que podemos hasta compartir el mismo defecto o error y que reconocerlo nos ayudará a crecer juntos en ese constante trabajo de ser nuestra mejor versión.

Acá algunos puntos a revisar antes de acercarnos a dialogar para corregir a otra persona:

  • El motivo correcto. Tenemos que estar claros del ¿por qué y para qué? de nuestra corrección. Diferenciar si estamos expresándole a alguien nuestra opinión y sentir sobre sus actos porque realmente creemos que es una situación que afecta a la persona y a los demás y/o porque realmente creemos que la persona no está trabajando en ello y que ya lo sabe, o si queremos aprovecharnos de una debilidad para juzgar y probar con arrogancia una posición superior y/o librarnos de un estorbo y resentimiento guardado. ¿Estás expresándole tu punto de vista a alguien porque realmente l@ quieres y sabes realmente necesita de tu confianza y sinceridad para mejorar algo o por juzgar y controlar queriendo cambiar en otro algo que no está mal, pero a ti te estorba porque te falta tolerancia? ¿Nos estamos tomando el valor o el atrevimiento? Si estás dispuesto a ayudar a alguien más con tu consejo o intervención, también debes entender que estarás abriendo una puerta de comunicación que tiene 2 vías y debes estar dispuesto también a escuchar.
  • El momento correcto. Acá no hay reglas. Cuando se dé la oportunidad y cuando sepamos es aún tiempo de prevenir se repita si es algo que puede empeorar. En muchos casos es mejor hacer una observación afectuosa en el momento, en otros es mejor esperar un tiempo prudente cuando el clima y espacio sea el correcto. A los hijos pequeños les corregimos al instante o a un colaborador en pleno ejercicio de su trabajo, necesitan cambiar su acción para aprender lo que es correcto y no; sin embargo, en la mayoría de los casos requieres tiempo para organizar tus ideas, filtrar tus palabras y asegurarte que el mensaje que transmitirás es objetivo y lo harás con empatía y sin molestias. Si se trata de un tema algo más delicado, a un colaborador lo citas en algún momento prudente de la jornada y si se trata de tu pareja o alguien cercano, esperas al final del día o haces una cita especial para abordar el tema con más respeto y asertividad. Entiende que muchas acciones son el resultado de sentimientos. Piensa primero qué puede haber detrás que explique en parte el por qué de las cosas. Trata de entender si la persona está pasando por algún momento difícil o si está en medio de algo totalmente opuesto a tu conversación y no podrá crearse una correcta conexión. No te enfoques en hacer valer tu punto, sino en conectar con los sentimientos del corazón. Sé prudente.
  • El ambiente correcto. Si corriges a alguien es porque te importa, pero si estás pensando en sacarte una espina de la mente o el corazón sin detenerte a filtrarte, muy probablemente cometerás un error aún más grave que el que crees estás por corregir en alguien más. Hablarle a una persona de algo sensible en el ambiente o modo equivocado es muy delicado. Terminarás obteniendo el resultado opuesto al que querrías tener pues no sólo no tomará en serio tu mensaje, sino que abrirás una herida más difícil de cerrar. Si te importa la persona, corregirás en privado buscando crear una conexión importante con ella. Es un tema básico de valores el respetar la dignidad de otra persona y no ponerla al escrutinio público porque quieres alimentar tu ego con la aprobación de los demás. Es tan importante lo que se dice como lo que se calla.

No tengo datos estadísticos que compartir, pero puedo asegurar que gran parte de los conflictos de comunicación cotidiana, no son por lo que se dice, sino por cómo se dice. Por eso, trata de esmerarte en los siguientes 2 puntos:

  • El medio correcto. Por favor, no te aproveches de la tecnología para evitarte una incomodidad. Muchas veces por mucho tiempo no nos hemos atrevido a decir nada a nuestros seres queridos, pero ahora con la infinidad de oportunidades en las redes, abrimos fácilmente un chat o mensaje privado para enviar largos testamentos con consejos, críticas y opiniones que caen como valde de agua fría de forma muy inoportuna. Como la persona no la tenemos en frente y no nos está viendo, desahogamos todos nuestros pensamientos y sentimientos, en muchas ocasiones, hablando más de lo que debemos. Si realmente te importa la persona, escríbele y pregúntale  en qué momento puede hablar por teléfono o haz una cita en persona para tomarse algo… Si el chat es la única forma por alguna razón, escribe un “borrador” de tu mensaje y guárdalo por un par de días. Verás que muy probable eliminarás oraciones y modificarás palabras para mejorar el tono. Nunca envíes un mensaje cuando estás molest@, resentid@ u ofendid@.
  • El idioma correcto. Así como si sabes que una persona que habla inglés únicamente, no entenderá si le explicas en español, así la persona con quien quieres hablar no recibirá bien tu mensaje si le hablas a como tú te expresas siempre y no a como sabes dicha persona podrá entender mejor. En una situación así generalmente entablarás un diálogo con alguien que conoces bien, conoces su personalidad y crees entender lo que le gusta y no, lo que le afecta y no, en lo que es buen@ y no… sabes qué palabras funcionarán y cuáles no. Si es una persona con un carácter fuerte, no vas a hablarle con altanería como regañándole, terminará en pleito. Si es una persona sensible, necesitas hablarle con más cariño. Si es una persona más objetiva requieres ir directo al grano con tranquilidad… en todo momento con mucha empatía. Si te interesa realmente que algo mejore, haz el esfuerzo de decodificar y reprogramar tu vocabulario para que la persona te escuche, entienda y valga la pena la conversación.  Muéstrate humilde, empieza la conversación por reconocer que no eres perfecto y que no te es fácil señalar algo cuando a ti también te falta mejorar en mucho, pero que con la mejor de la intensión consideras oportuno hablar de algo que crees será una oportunidad para todos de crecer y mejorar. Pídele mucho a Dios que sea Él quien hable por ti, pregúntate qué crees que diría Jesús o María Santísima si estuviera en tu lugar. No permitas que la plática termine con incomodidad. Es bueno reafirmar cosas positivas o cambiar el tema al final para demostrar que no hay que hacer las cosas tan grandes y que la vida sigue y ahí estás siempre para esa persona.

Cuida de sobremanera tu expresión física y el tono de tu voz. Muchas veces de verdad tienes la mejor intención, pero te cuesta tanto hablar correctamente que todo te termina saliendo alrevez y, desde que la persona te ve, ya siente una energía tensa en el ambiente, lo que hace que se predisponga negativamente a escucharte. No siempre la persona será receptiva, pero si tu conciencia te dice que realmente has hecho lo correcto y dado lo mejor de ti, ya has cumplido. Entrégaselo a Dios y ora por esa persona. No vayas publicando los errores de unos a otros. No te toca juzgar ni mucho menos trabajar para cambiar la percepción que los demás tienen por esa persona a quien le conoces sus defectos. Hay algunas situaciones en las que sin duda toca advertir, pero en general se trata de respetar la dignidad de un ser humano y las relaciones que entablan otros.

Asegurémonos siempre de evaluar nuestra calidad de comunicación con quienes tenemos en nuestro entorno. Alimentemos las relaciones, de trabajo o personal, con constantes mensajes positivos que motiven y edifiquen para que, cuando toque también abordar temas no tan fáciles, sepamos tenemos un canal sólido donde, aunque duela o moleste, ambas personas se sientan agradecidas por ayudarse a crecer mutuamente.

*Si eres padre o madre, presta especial interés a este tema y a moldear tu forma de corregir. Los niños no aprenden por lo que les dices, sino por lo que haces. No se recuerdan qué les dijiste, pero sí cómo los hiciste sentir. Lo que tú hagas con ellos es lo que ellos harán con los demás. (Notarás que esto aplica no sólo a los niños…) Cuánto dolor ocasiona una errada educación y en lo que se convierte cuando ese corazón es el de un adulto.

Según tu disponibilidad de tiempo, te invito a que veas algunos videos sobre CORRECCIÓN FRATERNA que nos ayudarán mucho a actuar como verdaderos cristianos en este tema tan crucial. Hay una gran cantidad de material en internet sobre comunicación en pareja, cómo aceptar críticas, como hablar sobre temas difíciles, etc.. Regálate el navegar en internet hoy y elegir algún video que te llame la atención.

Una vez más, gracias por leerme. Deseo que puedas permitirle a Dios entrar en tu mente y corazón y empezar a moldearlos para sanar tus heridas, edificar tu vida y construir relaciones más saludables. 

!SÉ Y HAZ FELIZ!

 

 

 

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